Que inocente era mi corazón,tanto así que no sabía ni como amar,
las miradas eran esquivas,las sonrisas leves y algún susurro,
acompañaba el roce de las manos que enrojecían mis mejillas,
se vivía el presente,no importaba el futuro.
El nuestro era el último de los amores inocentes,
de los que ya no existen más que en recuerdos,
romance de un atrevido gavilán enamorado
y una tímida paloma que no alzaba vuelo.
El destino como a tantos también nos hubo de separar
pero de tal forma que quedaría marcado en nuestras almas,
las vidas continuaban por fuera de la piel
porque dentro de ella aún ardía nuestra llama.
Hoy que he vuelto a verte,tantos años después,
reconozco aún en tus ojos, el amor en tu mirada,
me digo a mi misma, no me detendré esta vez,
aunque no te quedes conmigo, no me guardaré nada.
Ajenos como lo son las nubes, el mar y el tiempo
solo tendremos este instante para regalarnos el alma,
aquella que se moría por gritar te amo,
la misma que morirá al final, cuando te vayas.
En un instante te mostraré los años que te extrañé,
te daré las palabras que siempre quise darte,
sujetaré tus manos con la fuerza que ahora tengo
y te daré los besos que durante este tiempo alcanzen.
Luego ya te habrás marchado
y se habrá sellado nuestra historia de amor eterno,
seguiremos nuestas sendas, como si nada hubiese pasado y si alguien pregunta diré...a él, hace mucho que no lo veo.
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